Todos los días de mi vida ….

Meditación sobre las promesas matrimoniales
POR EL DIÁCONO JORGE GONZÁLEZ
j.gonzalez@caminodelmatrimonio.org

MIAMI, miércoles, 15 de agosto 2007 – Recientemente fui testigo de las promesas que mi sobrina Rosie y su esposo Luis se hicieron durante la Eucaristía de su matrimonio. He estado meditando un poco sobre lo que nos prometemos cuando celebramos este sacramento tan hermoso. Las promesas son las siguientes:  “Yo te quiero como esposo/a, y me entrego a ti. Prometo serte fiel en la pobreza y en la riqueza, salud, enfermedad, alegrías y penas; amarte y respetarte y todos los días de mi vida.

Lo que juramos ante Dios y ante su Iglesia es que desde el momento de nuestra boda, vamos a vivir una vida de entrega al otro. Ya no vivimos para nosotros mismos, buscando lo que nos hace felices, vivimos para entregarnos al otro y hacer lo que al otro le hace feliz. Es un ir del yo, al tú. Este estilo de vida que juramos vivir, incluye la alianza de la fidelidad. Es decir, de la exclusividad. De ahora en adelante, el uno es del otro. Exclusivamente del otro. No de los padres, los hijos, la profesión o los amigos. Juramos ser exclusivamente del otro. Esto es lo que Dios quiere de nosotros, que seamos el uno del otro, de manera que podamos entregarle a nuestros hijos, padres, iglesia, comunidad, y amigos, nuestra unión matrimonial. El padre es de la madre. La madre es del padre, y los dos son de los demás. Ya no tenemos que entregarnos a los demás sólo como individuos, sino como pareja.  Y lo hacemos incondicionalmente. Es decir cuando haya salud, dinero y alegrías, y cuando haya enfermedad, escasez, y tristezas. Es una entrega exclusiva e incondicional.

Por último, la promesa, el juramento, la alianza, no es sólo el día de la boda, si no todos los días de mi vida. Por lo tanto, la promesa es diaria, la entrega incondicional es diaria. Que hermoso sería si frecuentemente dijéramos las promesas matrimoniales como una oración al Señor; un renovar frecuente de lo que hemos prometido. Nos casamos, todos los días. El rito en inglés termina diciendo: I will love you and honor you all the days of my life.

El Señor Jesús quiere que honremos, respetemos y nos entreguemos a nuestro cónyuge…. todos los días.  Así, según Él, encontramos la verdadera felicidad.  Lo Importante es el otro.